COLUMN: Trump’s 50 Percent Hispanic Popularity Is Just the Beginning

Trump’s approval rating among Latinos has hit 50%, as I wrote it would nearly three years ago, in March of 2016. His approval rating could go on to surpass even this marker by addressing the border crisis at its source. This would be a disruptive, transformational development for all of Latin America.

Latinos in the United States increasingly see Trump as the champion of their strong family values and their strong work ethic. Their families back home hold the same values, and herein lies the key. The best way to help migrants and their families is by helping them effect real change in their own countries.

It is the Left that is creating the current crisis at our border, organizing and encouraging them to migrate, coaching them into making the trek North, feeding them a constant diet of fake news all the while exacerbating conditions back home. When Obama won in 2008 there were shouts of “We won!” in bars in Honduras where locals were watching U.S. major media broadcast locally in Spanish.

For whoever cares to listen, local leftists collude with radicals here and in major media to instigate migrants thousands of miles away to invade the U.S. In addition to this, the local governments are only too happy to have their people leave! Not only do they rid themselves of criminal elements, but this emigration offers them a safety valve: a safety valve against the leftist economic policies and cronyism that stifle economic and job growth in Central America and Mexico.

Interestingly, by contrast, the Left in South America is in retreat and capitalism and conservatism are on the rise. One can point to the recent election in Mexico as evidence to the contrary, albeit a temporary one, while Cuba, Venezuela and Nicaragua point to where leftist policies inevitably lead.

We need a grassroots campaign, one which will capture the attention and spark the imagination of local populations in Mexico, Guatemala, Honduras and El Salvador. We need to mount a public and peaceful revolution for change against the “Dark Side” of socialism and cronyism.

Big programs are not needed; no nation-building or spending of hundreds of billions of dollars in U.S. Government programs, most of which find their way into the pockets of corrupt “funcionarios.” We just need to give them the tools and the support they need to force economic reform. We need to give them hope that change and reform are absolutely possible.

In Mexico and Central America, there are local people, politicians, institutions, and organizations who share our values of democracy, law and order, and a free market system. What needs to be organized and financed is an independent regional campaign, not under the control of a U.S. bureaucracy, to create the climate for economic growth, fight corruption and enforce the rule of law. Any aid must be given directly to our allies and not through any local government or organization. Official U.S. Government aid, trade deals, and agreements should be systematically used as leverage for reform.

We need a coordinated, grassroots movement on the one hand with maximum U.S. pressure on the other, that results in what amounts to a crusade for freedom.

This is a humanitarian crisis of war-time proportions, and we need to mobilize.

Can it be done? There are individual examples of real progress: Ecuador is successfully battling police corruption, former Presidents throughout Latin America are in jail for corruption and internationally renowned Peruvian economist Hernando de Soto forcefully advocates the importance of providing business and property rights to drive economic opportunity and growth. There are many others who, together under one campaign and with U.S. support, could coalesce into a potent force to create the changes needed in Mexico, Central America and elsewhere.

The confluence of events that present themselves is a unique, once in a lifetime opportunity to fix the border issue once and for all, at its source. It will be a disruptive and transformational movement that could win over massive Latino loyalty for conservatives, for decades to come.


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COLUMNA: 50% de popularidad de Trump entre hispanos es apenas el principio

Trump ya alcanzó la aprobación del 50% de los latinos, tal y cual predije hace casi tres años, en marzo de 2016. Incluso, su índice de aprobación podría superar este marcador abordando la crisis fronteriza en su origen, lo que sería transformativo para toda Latinoamérica.

Cada vez más los latinos en Estados Unidos perciben a Trump como el defensor de sus valores familiares y ética de trabajo. En sus países de origen, sus familias comparten los mismos valores y es ahí donde radica la oportunidad. La mejor manera de ayudar a los migrantes y a sus familias es ayudándoles a realizar un cambio real en sus propios países.

La crisis actual en la frontera estadounidense es producto de la izquierda que les organiza y alienta a migrar, que les incita a hacer el viaje hacia el norte, que les alimenta con una dieta constante de noticias falsas mientras que exacerba las condiciones en los países de la región. Cuando Obama ganó en 2008 se escuchó gritos de "¡ganamos!" en los bares de Honduras donde los lugareños sintonizaban los grandes medios de Estados Unidos que transmitían localmente en español.

A quien le pueda interesar, izquierdistas locales conspiran con radicales en Estados Unidos y con los principales medios de comunicación para instigar a los inmigrantes a invadir los Estados Unidos desde millares de millas de casa. Por su parte, los gobiernos de la región aprueban la partida de su propia gente no solo para deshacerse de elementos criminales, sino porque también les ofrece una válvula de escape: una válvula de escape de la política económica izquierdista y del amiguismo que sofoca el crecimiento económico y laboral en Centroamérica y México.

Curiosamente, por el contrario, la izquierda en Suramérica hace marcha atrás mientras el capitalismo y el conservadurismo van en alza. Si bien se puede citar la reciente elección en México como prueba de una tendencia en la dirección opuesta, Cuba, Venezuela y Nicaragua apuntan hacia donde inevitablemente conducen las políticas izquierdistas.

Necesitamos una campaña de base que capta la atención y despierte la imaginación de las poblaciones locales en México, Guatemala, Honduras y El Salvador. Necesitamos montar una revolución pacífica contra del agobiante lado oscuro del socialismo y el amiguismo.

No hacen falta grandes programas; ni grandiosos esquemas para reconstruir naciones ni planes para gastar miles de millones de dólares en programas gubernamentales, la mayoría de los cuales llegan a los bolsillos de funcionarios corruptos. Solo hay que darles las herramientas y el apoyo necesario para instaurar la reforma económica. Tenemos que brindarles la esperanza de que el cambio y la reforma son verdaderamente posibles.

En México y Centroamérica hay gente, políticos, instituciones y organizaciones que comparten nuestras creencias en la democracia, ley y orden y un sistema de libre comercio. Lo que se deber organizar y financiar es una campaña regional independiente, fuera del control de la burocracia gubernamental, que impulsa las bases del crecimiento económico, la erradicación de la corrupción y el cumpliento de las leyes. Toda ayuda debe prestarse directamente a nuestros aliados y no a través de gobiernos u organizaciones locales. Los programas de asistencia del gobierno estadounidense, así como sus acuerdos comerciales y otros convenios deberían utlizarse en apoyo de las reformas.

Lo que se necesita es un movimiento coordinado que por un lado movilice la base y por el otro active la mayor presión posible de los Estados Unidos, cuyo resultado sea una cruzada sostenida por la libertad.

Afrontamos una crisis humanitaria de proporciones de tiempos de guerra, y es hora de movilizarse.

¿Se puede hacer? Existen ejemplos individuales de progreso real: Ecuador está luchando con éxito contra la corrupción de la policía, expresidentes latinoamericanos están en la cárcel por corrupción y el internacionalmente reconocido economista peruano Hernando de Soto aboga la necesidad de proporcionar derechos de negocios y propiedad para impulsar oportunidades y crecimiento económico. Hay muchos otros que unidos en campaña y con el apoyo explícito de Estados Unidos, formarían una fuerza potente imparable para lograr los cambios necesarios en México, Centroamérica y aún más allá.

La confluencia de eventos que se presentan es una oportunidad única para resolver el problema fronterizo estadounidense en su lugar de origen - ¡para siempre! Será un movimiento transformativo que podría ganarles a los conservadores la lealtad masiva de latinos por las décadas por venir.