Jorge Ramos insulta a Puerto Rico en columna tóxica

Vine a esperar dos cosas después de la visita de Jorge Ramos a Puerto Rico la semana pasada, a donde fue para “ver cómo estaban las cosas despues del huracan”: un segmento risible en Al Punto, y una columna atroz. Habiendo visto ambas, no me queda duda alguna que a Jorge Ramos no le importa a Puerto Rico en lo absoluto más allá de lo útil que le pueda ser en aras de fomentar su agenda: la continuidad de su guerra infinita contra Donald Trump, la elevación de la alcaldesa de San Juan, y la promoción de la independencia para Puerto Rico.

Ramos muestra su costura desde el principio, al imponer a sus lectores su raciocinio respecto a por qué se refiere a Puerto Rico como “país”. El independentismo de Ramos (de paso, una fórmula que no logra superar el cinco por ciento en las urnas cuando se le plantea a los puertorriqueños) enmarca la columna.

Ramos procede entonces a maravillarse tanto de una cocina comunal improvisada en San Juan, como de los tatuajes coloridos de los milenios que la administran, antes de aprobar la “felicidad” y “unidad” que allí vio.

De ahí. Pasa al Chef José Andrés, de quien dice:

Lo mismo vi en lo que era un club de playa y que se ha transformado en la cocina central de un inusual movimiento social y gastronómico. El chef José Andrés juntó a unos 60 chefs de toda la isla y, a través de su fundación World Central Kitchen, han preparado y distribuido más de dos millones de comidas para los más necesitados.

El día que visité la cocina vi un mar de miles de panes con jamón (y mucha mayonesa) y a decenas de voluntarios haciendo sandwiches. “Hazlos como si fueran para ti”, es su mantra. A un lado, uno de los cocineros condimentaba una gigantesca olla con pollo antes de mezclarla con arroz amarillo. Una hora después, subido en un food truck, me tocó ver cómo esa comida se repartía a niños y mujeres de Loíza, una de las comunidades más golpeadas por los huracanes. Solo ese día repartieron 148,000 comidas que llegaron a los lugares más apartados de la isla. Es imposible perder la esperanza cuando eres testigo de algo así.

No existe mención alguna del hecho de que estas comidas se prepararon en cumplimiento de un contrato entre José Andrés y FEMA, a pesar de informes de amplio conocimiento de la contienda que existe actualmente entre José Andrés y FEMA. Pero Ramos necesita mantener esta omisión para cultivar su narrativa pro independencia.

Pasamos entonces a su evaluación de los oficiales electos a quienes Ramos reseña para fines de establecer un contraste, al gobernador Ricardo Rosselló y a Carmen Yulín Cruz, alcaldesa de San Juan. Tal parece que Ramos ha decidido revertir algunas de sus críticas previas a Rosselló (reseñadas aquí), y extendió un ramo de olivo que se eliminó de la traducción en inglés:

Tienen estilos muy diferentes y no me atrevo a criticarlos porque pocas veces en mi vida he visto a dos políticos trabajar más duro.

Ya veremos. No obstante, queda claro que Ramos le seguirá dando pauta favorable a Cruz:

Yulín es una guerrera que desde el paso del huracán María duerme en un colchón en una esquinita del principal centro de acopio de víveres y medicinas en San Juan. Sus críticas a Trump han sido fulminantes y se ha convertido en la voz rebelde de los puertorriqueños.

Habiendo cumplido el encargo de convertir a Cruz, una alcaldesa con índice de desaprobación neta de -22%, en la portaestandarte revolucionaria del separatismo puertorriqueño, Ramos entonces cierra la columna con varios insultos contra los puertorriqueños que dejan su prejuicio en plena evidencia y a la vista de todos. Primero, comprime cientodiecinueve años de maltrato colonial en la figura de Donald Trump:

Pero tanto Roselló como Yulín se quejan del trato desigual que reciben los puertorriqueños de Estados Unidos. Y tienen razón. Trump nunca lanzó rollos de papel toalla a las víctimas de los huracanes en Texas y Florida, pero, en cambio, sí lo hizo en Puerto Rico. Los puertorriqueños tienen una representante en el congreso en Washington pero no puede votar en ninguna propuesta de ley, aunque tenga que ver con la isla. Y si un puertorriqueño está en la isla durante una elección presidencial en Estados Unidos, tampoco tiene derecho a voto.

Entonces, se mofa de la condición de los puertorriqueños como poseedores de pasaporte estadounidense y les regaña por rechazar la independencia (el cual no ha logrado más del cinco por ciento en ningún plebiscito de estatus):

El huracán María ha demostrado que el tener un pasaporte azul de Estados Unidos no es ninguna garantía de que serás tratado igual que el resto de los ciudadanos estadounidenses. Dudo que el maltrato y la falta de respeto de Trump hacia los puertorriqueños tras el huracán vaya a alentar el movimiento independentista. Para un latinoamericano, lo admito, es difícil de entender porque el pájaro no vuela cuando la jaula está abierta. Pero este desastre natural ha dejado muy claro que el futuro de la isla depende de los puertorriqueños y de nadie más.

El apoyo de Ramos a una independencia que nadie quiere lo ciega a la verdad obvia que se lo hubiera comido de tener dientes: que el único garante de que los puertorriqueños reciban un trato igual al que reciben sus hermanos en el continente es la admisión como Estado 51 de la Unión. Sin embargo, Ramos prefiere entregar a la Isla al eje castrochavista. 

Lo de los pasaportes es una instancia fea de envidia de pasaportes- la cual algunos latinoamericanos han exhibido históricamente contra cubanos y puertorriqueños y la cual se manifestó recientemente en forma de alegría cuando el presidente Barack Obama dio fin al programa “pies secos-pies mojados” para los cubanos que llegaban a los Estados Unidos. Revela mucho y en nada sorprende que Ramos aboga para que Puerto Rico salga de la “jaula” estadounidense a la vez que aboga constantemente por una frontera abierta.

Esta columna, una mezcla tóxica de medias verdades, revisionismo histórico, partidismo craso y discrimen infrahispano, se levanta como monumento al peligro grave de escribir columnas multinaciones sobre cosas y lugares de las cuales no se sabe ni pío. El problema se agrava debido a que la prensa vaga mira a Ramos para saber cómo va a reportar algo, lo cual significa que hay gran riesgo de que esta basura de columna se vuelva canon.

En interés del periodismo fidedigno, convendría a todas las partes si miran a otros para ideas respecto a la cobertura del desenlace del huracán María , y que Ramos se saque a Puerto Rico de su boca definitivamente.


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